jueves, 22 de marzo de 2018

Algunas personas son Corea del Norte



Mi mamá, Dios la bendiga, vive con la siempre presente preocupación de que el hombre y yo no nos hemos casado y el lugar de ello hemos elegido "vivir en pecado".

Por mucho tiempo me sentí bastante ofendida por eso, siendo honesta. Estaba convencida de que ante sus ojos, no importaba lo ejemplar que nuestra relación pudiera llegar a ser, nunca iba a dejar de verla como algo inapropiado, y estaba convencida de que eso hablaba de la idea que tenía respecto a nosotros como personas.

Hace un tiempo, finalmente decidí confrontarla al respecto, y tratar dentro de lo posible de hallarle sentido a algo que se me hacía tan absurdo como que la validez de nuestra relación dependiera no de todo lo que hemos atravesado juntos sino de una formalidad impuesta por agentes externos.

Cuando la confronté, mi mamá admitió finalmente, que vivía muy mortificada porque cuando los vecinos y todos a los que conocía se enteraban que me había marchado de la casa materna, todos se apresuraban a asumir con entusiasmo que me había casado, o estaba a punto de hacerlo, y a ella, decirles que no era así, le generaba una angustia indescriptible respecto a la opinión que esa gente pudiera tener de mí.

Por supuesto, escuchar eso me tranquilizó bastante, en cuanto me permitió darme cuenta de que a ella realmente no le importaba (tanto), y que su principal preocupación era que otras personas pudieran pensar mal de mí, que no lo merezco. No me demoré en decirle que lo que otros pensaran me tenía por completo sin cuidado.

—Pero Roxana —protestó ella—, uno no puede vivir la vida sin tener en cuenta lo que los demás piensen, ningún hombre es una isla.

Eso me cogió un poco desprevenida porque yo siempre he sido creyente ferviente en esa filosofía, en la idea de que debemos ser en cuidadosos de la forma como nuestras acciones pueden afectar a otros o representarnos, porque el mundo es un pañuelo, y llegará el día en el que descubramos que nuestras acciones nos han cerrado puertas antes incluso de que llamáramos a ellas.

Pero, después de cuidadosa consideración, llegué a la conclusión de que como todo en la vida, el éxito está en el equilibrio. Es cierto que ningún hombre es una isla, que vivimos en inquebrantable relación con los demás miembros de la sociedad y por eso debemos cuidar nuestras acciones, pero también es cierto que hasta los países que son vecinos geográficos tienen fronteras demarcadas y que la más importante derecho internacional es a la soberanía.

El secreto es decidir con qué países hacemos tratados y políticas comunes, y a cuáles les cerramos por completo el acceso a nuestro suelo. El factor determinante debe ser qué aporta cada relación a nuestra vida.

Sólo por si hace falta aclararlo, no se trata sólo de bienestar financiero, o físico, aunque estos dos aspectos son también cruciales. También se trata de bienestar y crecimiento emocional. Significa que si alguien que amamos y que aporta bienestar a nuestra vida nos señala algo que le parece una falla de nuestro carácter o comportamiento, bien podemos considerar su apreciación con la consciencia de que la forma como nos desenvolvemos de algún u otro modo afecta nuestra relación con esa persona que nos edifica. Pero también significa que podemos prescindir de la opinión de personas que no sólo no aportan a nuestra vida sino que son personas con las que naturalmente no querríamos relacionarnos ni aunque lo necesitáramos, el equivalente a Corea del Norte.

Así que, de aquí en más, cada vez que reciba una crítica respecto a la forma como me manejo en cualquier ámbito, y principalmente cómo manejo mi vida, antes de dejar que la falta de auto confianza o el ego se apoderen de mis emociones, trataré de tomarme un momento largo para decidir si la crítica viene de un país hermano o de uno con el que no me interesa tener relaciones.

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