martes, 23 de enero de 2018

¿Debes dejar a tu pareja por tu perro?



 Soy de la opinión de que la respuesta es siempre: SÍ.

Ahora, antes de que me salten al cuello por ser una loca de los animales, déjenme que les aclare que no soy vegetariana, vegana ni nada que se le parezca, que mato a todo insecto y animal extraño que se adentra en mi casa sin remordimiento alguno, que siempre he querido una serpiente de mascota pero no dudaré en decapitarla con un cuchillo de cocina si está a punto de devorar a alguno de mis hijos, y que si surgiera un virus zombie que se transmite con la saliva de las mascotas, sería la primera en mandar a eutanazear a mi amada gata.

Sin embargo, también estoy en contra de cualquier noción de que los animales sean sólo seres inferiores y por lo tanto desechables, incapaces de emociones complejas y por ende no merecedores de compasión y trato ético, pienso que son seres especiales, que otorgan a nuestras vidas dimensiones nuevas que ninguna otra cosa puede darnos, y que como tal, es natural que al ocupar un espacio en nuestros hogares, no sean una pieza más de mobiliario, sino un integrante más de la familia.

Es siempre una situación compleja y dolorosa, entonces, cuando nos encontramos en la penosa decisión de elegir entre compartir nuestro hogar entre un peludo (o escamoso, o cualquier denominación que aplique al animal de compañía), y compartirlo con otra persona, y es casi seguro que ninguna solución nos dejará nunca satisfechos del todo. ¿Por qué, entonces, creo que debe quedarse con su mascota?

Hay dos escenarios en los que se puede ver enfrentado a esta decisión. O bien el animal vino primero, o bien la pareja. Opino que en los dos casos la respuesta es la misma, pero por razones distintas, me explico:


Puede que los perros o gatos no sean seres humanos y nunca serán un hijo, pero en todo lo que les compete, la responsabilidad es la misma; usted les provee alimento y hogar, cuida de su salud (aveces en contra de su voluntad), y es responsable por sus acciones, es apenas natural que tal responsabilidad se convierta en un amor muy parecido al que sienten los padres por sus hijos, y cualquier persona que le ame, debe ser capaz de comprender el importante lugar que un amigo peludo tiene en nuestra vida, y lo doloroso que debe ser para usted separarse de un compañero que esperaba tener por mucho más tiempo. Incluso si no puede comprender esto, una persona que le ame debe lograr empatizar lo suficiente como para abordar el tema de una forma en la que usted se sienta lo menos herida posible, tratar de encontrar un punto medio en el que el animal no tenga que abandonar su hogar, o en su defecto comprometerse con la causa de encontrarle un hogar en el que no le hará falta su amor, si definitivamente no puede vivir con el peludo por cualquier motivo. 

Si usted se siente tan angustiado e intranquilo ante la idea de dejar a su mascota, que está considerando dejar a su pareja, su pareja probablemente ha fallado seriamente en respetar sus emociones y su sentido de responsabilidad, y esta puede ser una señal de problemas más serios más adelante. Si no logran ponerse de acuerdo de un modo constructivo respecto al destino de un animal, trate de pensar lo desgarrador que puede ser un malentendido concerniente a un hijo, o una propiedad o inversión común. Quizás este traspiés no sea sino una señal que pueda evitarle atarse a alguien con quien el futuro no es prometedor.

El otro escenario es aquel en el que usted decide adoptar o comprar una mascota ya estando en una relación seria con otra persona, y por más que lo intenta, no logran ponerse de acuerdo al destino del animal, así que la decisión a tomar es la misma: el animal o la pareja. En este caso la respuesta es la misma, pero la razón es bastante distinta. En esta situación, es usted quien impone al otro en una situación con la que no puede vivir tranquilamente, premeditadamente yendo en contra de la voluntad de su pareja con la que tiene una relación estable. Es sencillo, realmente, si usted amase de verdad a su pareja nunca pensaría en incomodarle en su propio hogar de tal modo, y de hacerlo, sería fácil decidir simplemente revertir el procedimiento, y encontrarle al animal un mejor hogar donde reciba amor de todos los miembros de la familia. Pero si su encaprichamiento por un animal al que aún no ha tenido tiempo de conocer realmente y amar, le hace dudar de su relación que no es casual, entonces la dolorosa verdad es que usted simplemente no ama lo suficiente a su pareja, así que hágales un favor a los dos y ábrale la puerta a su pareja para que tenga la oportunidad de encontrar una relación que le satisfaga más y donde sea más apreciado mientras usted se acurruca con fido en el sofá.

Así que esas son las dos situaciones, y aunque el animal siempre gane no significa que quiera predicar alguna noción de que los animales valen más que las personas o algo así; por el contrario, lo fundamental son las emociones y el bienestad de las personas, y una incongruencia como esta, que no se soluciona con compromiso sino que escala hasta este punto, es indicación clara de que la relación no está en una buena situación y que lo mejor para ambas partes puede ser que decidan irse cada uno por su camino.

Lo bueno, es que en cualquier caso, siempre es más fácil superar una ruptura con un animalito que nos despierte en la madrugada con una nariz húmeda y fría en el cuello.



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