miércoles, 19 de abril de 2017

13 Reasons Why: más allá de la histeria colectiva.


La semana pasada finalmente vi 13 Reasons Why, el nuevo show de Netflix que tenía a todo el mundo en una montaña rusa emocional. La premisa parecía prometedora: Chica de secundaria se suicida y deja detrás una serie de cassettes contando su historia. Soy una incurable amante del drama adolescente, y me imaginaba una historia para arrugar hasta el corazón más insensible y quedar al final con mucho que pensar, y quizás con algún tipo de mensaje que aplicar a la vida, y  la idea fue reforzada por mis amigas que sin entrar en detalles me advirtieron que me preparara, porque la serie era fuerte y por momentos difícil de digerir.

Fue exactamente eso, fuerte y difícil de digerir, pero nada que no esperara, la serie logra tocar fibras sensibles y expone realidades tan difíciles que lloré casi en todos los episodios, y tengo que decir que salvo una excepción, me parece que tuvo además un muy buen manejo de personajes, todos tridimensionales y complejos, y fallidos de modos muy realistas, y a pesar de estos puntos a su favor, había un par de detalles que no acababan de convencerme. El primero era que a diferencia del resto de personajes, no soportaba a Clay (el protagonista), su comportamiento se me hacía caricaturesco e irritante, y el otro problema era que tenía la constante impresión de que los productores de la serie trataban de meterme a la fuerza un mensaje educativo, y mientras lo hacían descuidaban la calidad de los aspectos técnicos de la narrativa. Constantemente tenía la impresión de que estaba recibiendo un sermón, en lugar de escuchar una historia.


Estaba por declarar la serie como decente, si bien algo básica, cuando finalmente llegué al episodio final, y todo se fue al caño. Hasta entonces la sensación de sermón era razonablemente sutil, incluso subjetiva, pero el capítulo 13 evidencia que efectivamente la intención era dejar un mensaje, y no contar una historia. Nunca tenemos desenlace alguno de la mayoría de argumentos, nos quedamos justo en medio del clímax, sin saber qué va a pasar ahora que la existencia de las cintas salió a la luz, ni cuál va a ser el veredicto del proceso judicial, sin saber qué va a pasar con Bryce respecto a los crímenes que cometió, ni qué sucedió con Alex. Como la cereza en el pastel, los escritores tienen la osadía de sugerir además en los últimos minutos del último episodio un nuevo cabo suelto, uno que daría suficiente para toda una serie en sí misma: uno de los protagonistas de las cintas parece estarse preparando para llevar a cabo un tiroteo en la escuela. 

Lo que me parecía una brutal falla técnica empañó bastante la opinión que tenía de la serie, quitándole todo el valor narrativo, y convirtiéndola, en mi opinión, en una pieza educativa que malamente trataba de ser una historia. Decepcionada como estaba, llegué a la conclusión de que al menos por su valor educativo y su mensaje era una producción que valía la pena, aunque a mí me hubiera resultado un poco una pérdida de tiempo, ya que no formo parte de ninguno de los grupos que pretende educar: no soy una adolescente y no voy a la escuela hace años, tampoco formo parte del sistema educativo, y estoy bastante lejos de tener hijos que puedan ser vulnerables a este tipo de escenarios.

Pero mientras más pensaba en ello más me daba cuenta de que ni siquiera esa apreciación era correcta. La falla técnica de dejar tantos cabos sueltos no sólo afecta la calidad narrativa, sino que tiene un impacto importante y negativo en la calidad del mensaje de la serie, al permitir que nada salvo la pena que atraviesan sus padres y Clay indique que la decisión de Hannah fue un error, al desaprovechar la oportunidad de presentar escenarios en los que personajes con vulnerabilidades como Hannah actúan diferente a ella, y obtienen resultados diferentes. En mi opinión es catastrófico para la joven audiencia que puede sentirse identificada con Hannah, no explorar las consecuencias de que Jessica hable con su padre respecto a lo ocurrido, es catastrófico no ver que nadie intercede a tiempo para ayudar a Tyler a no tomar una terrible decisión que arruinará muchísimas vidas. Al no mostrar estos escenarios, la serie presenta la decisión de Hannah como lo único que tenía sentido hacer en una circunstancia tan difícil como la que atravesaba, y al final no queda sino un sabor amargo en la boca porque cosas terribles pasan, y al parecer no hay forma de reaccionar a ello sino tomando decisiones trascendentales y trágicas. Esta no es una afirmación al azar, la realidad es que durante la última década los profesionales del área de la salud se han esforzado por abogar por el periodismo ético al reportar casos como el presentado en la serie, porque la divulgación de contenido gráfico relacionado al evento, como fotografías, o descripciones del método de suicidio, o el contenido de las cartas de despedida de las víctimas ha probado ser suficiente para detonar a otros individuos en situación de vulnerabilidad y que ya presentan factores de riesgo, principalmente dentro de la población adolescente, es decir, la publicación de los detalles del suceso tiende a inspirar a otros jóvenes a tomar la misma decisión. 13 Reasons Why es brutalmente gráfica, y los productores sostienen que la inclusión de la escena de suicidio de Hannah fue deliberada, pretenden mostrar los horrores del acto sin censura alguna, lo que es loable, pero terriblemente equivocado ya que es probable que cause exactamente el efecto contrario. Quisiera estar equivocada, pero no me sorrpendería escuchar de algún chico o chica que decidió suicidarse y dejar detalladas cintas inculpando a todos los que responsabiliza.

Se pone peor porque, de la mano con esto, el show simplifica de modo ridículo los complejos temas del acoso escolar y el suicidio adolescente, mostrando una profunda y alarmante incomprensión de cómo funcionan. La realidad es que la relación entre ambos no es tan sencilla como lo plantea la serie. El suicidio adolescente es una tragedia preocupante y los profesionales han trabajado muy duramente en las últimas décadas para explicar el fenómeno y tratar de prevenirlo, y concuerdan en que las razones por las que se presenta son diversas y complejas, y contrario al argumento de la serie, su relación con el acoso no está bien definida. Pese al manejo sensacionalista que la prensa ha tenido de sucesos similares a este en la última década, la evidencia parece sugerir que el acoso no es sino un factor de riesgo más, uno incluso con menor incidencia que otros como lo son los problemas escolares, los problemas en casa, las enfermedades mentales, e incluso el abuso sexual.

Es notablemente irresponsable de parte de la producción de la serie, incluso rayando en lo irrespetuoso usar el suicidio adolescente únicamente como una herramienta para exacerbar su mensaje de que el acoso escolar está mal y debe ser manejado, sin tener consideración alguna por tratar el asunto del modo correcto. La depresión y las enfermedades mentales son relegadas a un segundo y distante plano, todo secundario al acoso, y es casi gracioso de un modo terrible, porque aunque el acoso afectó a Hannah de modos terribles, el factor determinante en su decisión fue el abuso sexual y la falta de atención cuando trató de pedir ayuda.

Pero la noción tan simplificada de que el acoso termina en suicidio es fortalecida durante la serie principalmente a través del personaje principal, quien es un buen chico, y a través de él la serie nos alimenta esta idea peligrosa de que la responsabilidad del suicidio de Hannah recae únicamente sobre sus compañeros y tiene sentido que Hannah tuviera ideas acerca de algún tipo de venganza, pero es bastante perturbador que las acciones de estos chicos sean satanizadas de tal forma, y el protagonista que se supone es la voz de la audiencia en la serie se embarque en semejante cacería de brujas en la que no descansa hasta verlos a todos agobiados por el peso de sus pecados; es particularmente notorio que la serie no hace suficiente énfasis en el hecho de que algunos de los protagonistas de las cintas (notoriamente Ryan, Sheri e incluso Courtney)cometieron errores que afectaron a Hannah emocionalmente pero que no tenían intenciones malignas y no pueden ser calificados como acoso escolar de ningún modo. Hay una sutil indicación de que Hannah podía tener una perspectiva limitada, pero esa idea es rápidamente desechada porque la cacería de brujas no se detiene en ningún momento. La razón por la que es tan grave que la responsabilidad por la vida de Hannah sea asignada tan deliberadamente  a sus compañeros debería ser más que evidente en sí misma, cualquier profesional sabrá lo difícil que es desarraigar la culpa de la mente de cualquier sobreviviente de suicidio, pero que es fundamental porque la idea de que la vida de otro depende de nosotros es una idea perversa, peligrosa y profundamente equivocada, pero 13 Reasons Why parece existir sólo para enviar ese mensaje. Lo irónico, es que la serie colapsa sobre sí misma, y aunque la culpa es asignada deliberada y rampantemente, podemos ver las consecuencias de semejante tratamiento: Alex decide que merece el mismo destino que la amiga a la que le dio la espalda en su momento de mayor necesidad.

No quiero ni imaginarme el efecto que una serie como esta tendrá en los compañeros de clase de chicos que hayan cometido el mimo error que Hannah.

Así que la serie presenta el suicidio (con venganza incluída) como una opción inevitable si se ha tenido lo suficiente, y además concentra la responsabilidad y culpa únicamente en los sobrevivientes, y si de eso último no está seguro, note cómo la serie es una oda a la incompetencia parental. Al igual que sucede con Alex, la serie demuestra una sorprendente falta de consciencia sobre sí misma y su mensaje: por un lado vemos la tragedia de los padres de Hannah tratando de entender cómo fue que su hija acabó del modo como lo hizo y ellos jamás se enteraron, y por otro lado tenemos a Clay y Tony que se supone que son los chicos buenos que tratan de hacer lo correcto, pero se meten en todo tipo de líos y situaciones peligrosas  y se rehusan fervientemente a hablar con algún adulto responsable, siguiendo exactamente los mismos pasos que Hannah, y dejando en claro el marcado mensaje de que los chicos deben tratar de resolver sus propios líos, sin importar lo peligrosos o serios que sean. 

Ultimadamente, la serie falla teénicamente opacando la historia de un modo avasallador a favor de enviar un mensaje que además es desinformado, y que puede resultar peligroso. Para el televidente casual es una serie triste que deja un mensaje claro para crear consciencia acerca del suicidio adolescente, el acoso escolar y el abuso sexual, pero temo que estos mensajes no lleguen de modo adecuado a quienes no son televidentes casuales sino aquellos que realmente necesitan recibir el mensaje: los chicos, las familias, y las escuelas.

Espero equivocarme en mi apreciación, o en mis prediccciones del efecto de la serie en la población vulnerable, pero en cualquier caso, incluso si no es así, espero que esta serie y la gran recepción que ha tenido sirvan al menos como punto de partida para muchas mas conversaciones al respecto de estos temas tan delicados, y de una mayor comprensión de cómo funcionan y lo que atañen, de modo que sean más fáciles de tratar y con suerte logremos erradicarlos.

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