viernes, 27 de enero de 2017

Al fin entendí para qué hago esto


Cuando comencé este blog, esperaba que me ayudara a reforzar mi muy flojo hábito de escribir, y que me ayudara a cultivar mi plataforma de autora, que fue una de las cosas en las que quise enfocarme cuando me dije a mí misma que tenía que ponerme seria con eso de escribir; sin embargo, hacer que este proyecto despegue ha sido un camino lleno de tropiezos, principalmente por inconsistencia e indisciplina, lo admito sin culpa pero con vergüenza, pero también por una profunda falta de motivación a la que durante todo este tiempo me costó encontrarle explicación y que atacaba por temporadas evidenciadas por la falta de contenido en los dos huéspedes de este blog, ausencias que en ocasiones duraban incluso meses. Hace apenas unos días entendí por qué me costaba tanto, a pesar de ser en ocasiones el que más amo de todos mis trabajos.

Siempre quise sacarle a la herramienta todo el provecho posible sin tener que gastar dinero, de ahí que he leído un millón de artículos y publicaciones respecto a cómo hacer de un blog una herramienta eficiente de mercadotecnia, y durante los tres años que llevo haciendo esto, siempre me he quedado varada en la primera y quizás la más fundamental recomendación que repite cada consejero, y es que el tema de cada entrada, al igual que cada aspecto del blog, tienen que ir cuidadosamente confeccionados a la medida de tu audiencia objetiva. Y ese era precisamente el problema, nunca había logrado definir cuál era mi audiencia objetiva porque en todo este tiempo, nunca conseguí decidirme a casarme con ninguna de las facetas de las cosas que me apasionan.

Se suponía que si la idea era construir mi plataforma de escritora, debía concentrarme en escribir acerca de… Bueno, escribir. Pero no escribo lo suficiente como para poder hacer anuncios regulares al respecto, y por ende tampoco soy lo suficientemente buena escritora como para sentirme cómoda haciendo de este espacio una columna ni siquiera mensual de consejos respecto a uno u otro aspecto, hay mucha gente mucho más capacitada que yo ahí afuera dedicándose a eso de un modo mucho más capaz.

Pero incluso más importante que mi incompetencia, es el hecho de que simplemente no me bastaba con eso. La idea de verme restringida únicamente a mi persona de escritora me llenaba siempre de desasosiego y bastaba para quitarme por completo cualquier interés en escribir durante días en el mejor de los casos. Escribir es la más grande de mis pasiones y la única de la que no puedo prescindir porque forma parte crucial de mi identidad, pero no es la única, y el entusiasmo que siento por todas las demás quiere brotar a través de la más importante, y quiero escribir acerca de lo poco que he mal aprendido acerca de escribir historias, pero también quiero escribir acerca de mis animales, y de la forma como me hacen más compasiva y mejor persona, y quiero escribir acerca de la comida que me gusta y cómo trato de crear una relación positiva con mi cuerpo. Necesito hablar de mi pequeña lucha feminista, de las cosas que me duelen de mi país y del mundo, y de la gente bonita y que quiero y de todas las cosas que me hacen feliz. Necesito hablar, escribir de todas esas cosas tanto que no hacerlo se siente como contener la respiración.

Mi interés por este medio era inconsistente porque evidenciaba la lucha entre forzar encajarme a mí misma en una imagen de alguien serio y profesional quien realmente no soy, y los episodios repetitivos de mandar todo al carajo y sólo darme el gusto de escribir de lo que fuera que me diera la gana, como fuera que me diera la gana. Lo que pasó hace unos días fue que leyendo el mismo consejo por enésima vez, finalmente me di cuenta de que llevaba años tratando de conseguir algo que conseguir algo que realmente no me interesaba, y por ende saboteándolo una y otra vez.

La idea de fortalecer mi plataforma de escritora era prometedora porque venía de la mano con la idea de monetizar el trabajo de escribir, que es algo que siempre he querido, porque mis finanzas son ridículas y hace mucho que necesito dinamizarlas. Pero en realidad, escribir es algo que siempre voy a hacer, incluso si nunca veo un peso de ello, y la realidad era que la idea de que mi blog no iba en línea con los propósitos que me había hecho no hacía sino hacerme menos y menos fructífera como escritora. Pensé que tenía que concentrarme en la logística de mi trabajo para hacerlo financieramente productivo, pero no estaba logrando sino asfixiar la vena creativa que es de la que esperaba vivir. Ahora me doy cuenta de que por ahí no era la cosa, entre más lo pienso, más noto que las mejores cosas que he escrito son aquellas que más me han apasionado, en las que más sinceramente he desnudado mi alma, sin importar el tema. Ahora pienso que tengo que concentrarme en mi felicidad creativa, lo que sólo puede llevarme a ser más productiva, que es lo que realmente me interesa.

Eso no significa que tenga nada en contra de la posibilidad de ganar dinero de las cosas que escribo, ese es como el sueño más grande de mi vida, pero en retrospectiva es evidente que pensar en el dinero primero y en el producto después no es la respuesta. Así que ahora voy a hacerlo al revés.

Quiero que este sea un nuevo comienzo para el proyecto que es este blog, ahora finalmente sé qué es lo que quiero ganar con esto; ya no tengo el menor interés en crear una plataforma de autora, ahora lo único que quiero es escribir acerca de todo lo que sí me llama, bien sea comentario político respecto a asuntos del momento, o consejos prácticos relacionados a la escritura, o reflexiones acerca de situaciones que atraviese y me dejen alguna enseñanza que quiera compartir.

Con un abanico tan amplio y diverso de temas, permanece la pregunta inicial de quién es entonces el público objetivo de esta publicación, y por primera vez fui capaz de sentarme a considerarlo verdaderamente, con perspectiva en lo que realmente quiero y soy capaz de hacer. Llegué a pensar en que, si esto se iba a convertir descaradamente en nada más que yo haciendo diatribas sin sentido acerca de temas al azar, entonces quizás mejor me iba despidiendo porque sólo podía esperar que lo leyera mi pobre novio que no tiene otra opción, pero luego de bastante tiempo comenzó a formarse en mí la idea de compartir el viaje que estoy haciendo para alcanzar la más importante de mis metas que es ser mejor.

Durante demasiado tiempo fui una persona con la que no estaba feliz, y he hecho de estos últimos años un trabajo constante de tratar de mejorarme a mí misma en cada aspecto que se me ocurre: quiero ser más sana, tener una relación más positiva y armoniosa con mi cuerpo y con mi mente, quiero ser más productiva, más inteligente y creativa, y quiero ser mucho mejor persona todos los días, quiero ser un poco más feliz cada día. La mayor parte de lo lejos que he llegado ha sido trabajo interno del más arduo que puedan imaginarse, pero siempre tengo presente el poder transformador de las conexiones que podemos hacer con otras personas y cómo la escritura es el catalizador milagroso que nos permite conectarnos con otros que probablemente nunca conozcamos y que sin embargo son capaces de transformarnos. Leo un montón de cosas que escribe un montón de gente acerca de temas desde cocina hasta política, y han sido incontables las veces en las que logro identificarme con un autor, y mi visión acerca de fenómenos culturales y políticos cambia, o me veo enfrentada a ideas difíciles acerca de la forma como veo la vida y la forma como me desenvuelvo en ella, incluso las ideas con las que no estoy de acuerdo me ayudan a reforzar los ideales que defiendo y me definen. Creo que cada cosa que leo me ayuda a construir una mejor versión de mi misma, incluso aquellas que no parecen profundas: los reviews acerca de libros, películas o series, me ayudan a analizar más críticamente los contenidos que consumo, los comentarios acerca de productos o finanzas me ayudan a ser una consumidora más responsable y a vivir más cómodamente.

Lo que es más, ya una vez logré yo ese efecto en alguien. El año pasado publiqué una entrada en mi blog a la que no le tenía ninguna esperanza y que se convirtió en mi publicación más popular. Lo único que hice fue ser sincera acerca de lo mal que la estaba pasando porque atravesaba la crisis de los 25, y de cómo eso me había ayudado a practicar el ejercicio de mirar hacia adentro en vez de ver a los demás. Y a pesar de su simpleza, es la que más halagos me ganó y la única de mis publicaciones que ha conseguido que alguien me dijera cuan identificado se había sentido, y cuánto le había ayudado leerla.

Así que desde ahora esta va a ser la plataforma en la que comparta todas las cosas que me apasionan y que forman parte de este viaje que es ser mejor hoy de lo que era ayer, con toda la humildad y franqueza de la que soy capaz, enfocándome en ser mejor y más feliz, y mi público objetivo es todo aquel que quiera hacer el viaje conmigo.

Gracias por toda su paciencia, estoy segura de que sólo hay cosas buenas delante de nosotros.

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