viernes, 21 de julio de 2017

Al fin me vi: Wonder Woman, mi nueva heroína favorita, pero no un súper héroe


Esta opinión está ridículamente atrasada así que decidí hacerlo corto, porque probablemente todo se haya dicho a estas alturas, pero hacerlo de todas formas. Que no se diga que no hago el intento.

Había esperado el estreno de Wonder Woman con un ansia casi incontenible, y tengo que decir que valió cada segundo de espera, tal como su avasallador éxito en taquilla y la exclente crítica que ha recibido lo ha demostrado. Gadot es una espectáculo que con su fortaleza física logra encarnar la fiereza de la princesa amazona cuando es necesario, pero también es capaz de cautivar a la audiencia con su maravillosa actuación en la que encarna todas las demás facetas del personaje, desde la curiosidad ingenua hasta el sarcasmo casual que sin mayor esfuerzo nos saca genuinas risas.

La película completa es un producto que no tiene presa mala, la directora hace un excelente trabajo rescatando los elementos tradicionales de la mitología del personaje, y combinándolos con una excelente escenografía, unas coreografías impecables y una banda sonora que realza cada escena. 



El único detalle de la película que no me convenció del todo fue la marcada relevancia del subplot romántico. Esto es apenas mi opinión personal, y siendo justos puede ser que esto me haya chocado un poco sólo porque no soy fan del personaje y no conocía su origen, pero para no alargarlo, al final me pareció que después de lo lejos que el personaje había llegado y todo el desarrollo que había tenido, su decisión para salvar la humanidad flaqueaba un poco al ser motivada por la pérdida de su interés romántico. Eso no hace del producto una mala película, pero tenemos ya muchas heroínas igual de bien hechas en muchos otros contextos, que sin embargo siempre de algún modo u otro son movidas por fuertes intereses románticos. Quizás por mi desconocimiento del personaje, combinado con el hecho de que es la primera película de un superhéroe femenino, albergué la esperanza de que esta película no cayera en ese trope, que al final no fuera el amor el que salva el día, y pudiéramos tener un super héroe que es igual de capaz que cualquier otro, y con habilidades igual de diversas, pero que sólo coincidencialmente es una mujer. Quizás es una idea demasiado ambiciosa aún, y toca hacernos a la idea de que no es algo que vaya a suceder todavía, o quizás nos toca buscar este tipo de historias en otras fuentes (tal vez deba dedicarme a eso y contarles luego como me va).

Afortunadamente, ni siquiera eso basta para decir que la película tiene problemas, mi inconformidad es estrictamente personal y no una crítica técnica, al final es una obra completa y que deja un excelente sabor, y además un producto que viene a sacar la cara por DC de modo que ninguna de sus películas anteriores habían podido conseguirlo.  

Queda esperar poder verla fuera de las salas de cine para repetirla y poder disfrutarla una vez más (de pronto sin la sorpresa le encuentro más mérito al subplot romántico) y así mismo ver si el éxito se repite con la Liga de la Justicia o si el balance que llevamos a momento con las películas de DC es una señal de las tragedias que están por venir. Por el bien del universo cinemático de DC y todos los fans de esta editorial, esperemos que sí. 

Por el momento yo me quedo leyendo The Infinity Gauntlet, de Starlin, Pérez, y Lim, como parte de mi tarea para estar preparada para Infinity Wars, el último gran anuncio del MCU.

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lunes, 10 de julio de 2017

13 Tips para mudarse sin morir en el intento


Esta publicación no es tanto un servicio público, como es un intento por llevar un registro al que pueda referirme la próxima vez que vaya a mudarme, lo que quizás me evitará cometer los mismos errores en el futuro. Con suerte también ayudará a cualquiera que ahora esté pasando por el insoportable estrés que implica cambiarse de domicilio.

Si tuviera que cambiar sólo una cosa, elegiría haber podido conservar la calma. Mudarse requiere tanto trabajo mental y físico que es difícil no dejarse llevar por la frustración, pero sin duda el estrés sólo logra hacernos menos eficientes, así que quizás lo mejor que podemos hacer es hacernos de herramientas para organizarnos y combatir así el estrés inevitable de la situación.



Tan pronto sepas que vas a mudarte:

1. El primer paso es tener una correcta medida de tu situación. Lo principal es tener por un lado, un presupuesto claro que nos diga cuánto estamos dispuestos a pagar en renta y servicios públicos, y por otro lado, una honesta lista de necesidades en la que destaquemos las prioridades. La combinación de estos dos elementos hará mucho más fácil la elección de los lugares que se van a ver, al descartar inmediatamente aquellos que no cumplan con los requisitos espaciales, de ubicación o de presupuesto.

2. Ten el papeleo y el dinero preparado tan pronto puedas. El presupuesto usualmente puede hacerse con mucha anticipación, y si se calculan además los gastos de la mudanza (incluyendo los gastos de los primeros días, un depósito de al menos la mitad de la renta que pretendas pagar y transporte o gasolina gastado en ver lugares), se puede ir ahorrando de ante mano para hacer el proceso un poco menos traumático. De igual modo, la mayoría de los arrendatarios piden los mismos papeles, cartas laborales que justifiquen ingresos al menos del doble del canon, y un par de buenos codeudores, idealmente con finca raíz. Tener tanto el dinero como los papeles a la mano y listos para entregar es lo mejor que se puede hacer, la mayor parte de las veces nos tocará comprometernos, pero aveces los planetas se alinean y encontramos una súper oferta que cumple todos nuestros requisitos, lo mejor es estar preparado para hacer el negocio tan pronto algo así suceda, lo más frustrante del mundo es encontrar el lugar de tus sueños un par de semanas después de que haya salido al mercado y que lo entreguen a alguien más mientras consigues los pepeles, ese tipo de procesos suele llevar un par de días que pueden hacer la diferencia.

3. Comienza por empacar todo lo que no uses diariamente. Ropa de temporada, libros, etc, tan pronto la mudanza sea oficial, incluso si aún no has encontrado el nuevo lugar, es algo de lo que me arrepiento de no haber hecho en esta ocasión, y aunque descubrí que puedo empacar mi vida entera en un sorprendentemente corto espacio de tiempo, la verdad hubiera preferido no tener que apurarme tanto al final, porque significó no tener tiempo para otras cosas que quería hacer.


A la hora de ver lugares:

4. La mayoría siempre queremos un poco más de lo que nuestra situación permite. No ayuda que la economía se mueva mucho más lento que la inflación. Sólo con un enorme golpe de suerte encontraremos una súper oferta que nos permita tener el lugar de nuestros sueños por menos de nuestro presupuesto. Lo más probable es que resulte en realidad el caso contrario, y siendo así no está de más estar preparado para hacer compromisos. Sé honesto con tu lista de deseos y piensa en cuáles de ellos son negociables y cuáles indispensables. Quizás estás dispuesto a mudarte a un área que no habías contemplado a cambio de tener un lugar que cumpla todos tus requisitos en un buen precio, o por el contrario, quizás no necesitas tanto espacio o te puedes acomodar a cambio de estar en una mejor área de la ciudad. O puedes tener un sitio que no tenga buenos acabados pero que tenga el espacio que necesites y esté en la zona que te gusta.

5. Mira sitios de mercado libre en internet, entra a grupos de Facebook que de dediquen a ello, y encarga a todo el que puedas a que mire los clasificados de los periódicos por lugares que se ajusten a tu presupuesto (de verificar los demás requisitos te encargas tú). 

6. Ve tantos lugares como puedas que cumplan los requisitos, incluso si las fotos no parecen prometedoras, puede que unas malas fotos escondan un lugar que tiene justo la distribución que necesitas, y puede que te sientas cómodo viendo el área aunque la dirección no parezca prometedora inicialmente. También puede que sea un desastre, y al menos no tendrás duda de descartar esa opción. Recuerda, que no te sientas cómodo con el arrendatario aunque todo lo demás sea ideal siempre es una buena razón para no hacer un negocio; cuando alguien trata de venderte un producto muestran la mejor versión de sí mismos, y si ni en ese momento son amables o agradables, imagina que cuando vivas en su propiedad serán una completa pesadilla. Lleva una tabla en la que tengas la información de contacto de los lugares, junto con la dirección de los mismos, y asígnale una calificación de 0 a 5 estrellas y comentarios a medida que los visites. Descarta rápidamente los lugares con poca calificación.

7. Tan pronto te comprometas con un lugar y estés listo para hacer el negocio, asegúrate de comprobar las credenciales del arrendatario. Verifica que sea el dueño del inmueble o que legalmente esté capacitado para hacer negocios contigo, suena descabellado pero no quieres ser ese que cayó en una estafa inmobiliaria y le dio dinero a alguien que luego desapareció sin dejar rastro. Incluso si no es el caso, te hará sentir más tranquilo comprobar que estás lidiando con una persona que tiene los impuestos y las cuentas de la propiedad al día, y no tendrás que lidiar con ningún problema de ese estilo cuando ya estés instalado y sea un poco demasiado tarde.


A la hora de la mudanza:

8. Marca todas las cajas y los muebles con el nombre de la habitación en la que van, de modo que nadie tenga que preguntarte dónde van las cajas o las cosas, ni tengas que preguntarte en cuál de las seis cajas idénticas están los utensilios de la cocina. Prepara una maleta con las cosas de primera necesidad para que tengas ropa limpia y todo lo indispensable los primeros días en caso de que no puedas desempacar todo ello tan pronto como necesitas.

9. Calcula que el proceso final de empacado tomará un día adicional. No importa qué tan rápido empaques todo lo más importante, las cosas pequeñas te tomarán mucho más tiempo del que crees, en serio. Además, el proceso de mudada implica también dejar el sitio del que te mudas en buen estado, calcula con el tiempo suficiente para pintar o hacer los arreglos que sean necesarios, de lo contrario tendrás que regresar a poner a punto tu antiguo hogar mientras deberías estar organizando el nuevo sitio.

10. Haz una última visita al nuevo lugar, límpialo incluso si se ve como si lo hubieran limpiado, y toma las medidas de las paredes de las habitaciones donde vas a acomodar los muebles. No importa qué tan seguro estés de que el sofá cabe, mídelo, en serio, aprende de mis errores.

11. Pide recomendaciones para empleados de mudanza. Además, alimenta a la gente que contrataste, por favor, no seas un imbécil con los que bajan todas tus cosas de un segundo piso y las suben a otro segundo piso, y te aguantan mientras se te salta la vena de la histeria preocupándote de que no te rayen nada contra las paredes. Sé muy agradecido y probablemente sean un poco más cuidadosos.

12. Finalmente, trata de vencer la pereza y organizar tanto como sea posible el mismo día que te mudes, al menos la habitación en la que vas a dormir y la cocina. Es posible soportar la incomodidad de un sitio lleno de cajas y desordenado, siempre que después de un largo día puedas preparar comida cómodamente, y tengas una habitación limpia con sábanas frescas a la que irte a dormir.

13. Si tienes mascotas: el caos de una mudanza y las personas extrañas pueden estresarles,y es el momento más inconveniente para lidiar con un animal enfermo o agresivo. Tan pronto todo esté empacado y el trasteo se ponga en marcha, encierra a tu animal en una habitación vacía de la casa para que no tenga que ver a nadie extraño ni lidiar con el movimiento ni los ruidos. Mételos de último en su cargador, y enciérralos de primero en una habitación vacía del nuevo lugar para el mismo efecto. Una vez todos los extraños se hayan ido podrás dejar a tu hijo peludo explorar el lugar con seguridad y mucho menos estrés. De igual forma, empaca de último las pertenencias de tu mascota, y desempácalas de primero, de modo que tenga un lugar familiar  en medio del caos y todo el nuevo escenario. Incluso si tu animal sale solo a la calle, procura evitarlo durante los primeros días, ya que puede sentirse desorientado y perderse al salir a la calle en tu nuevo hogar.

Finalmente, disfrútalo.

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lunes, 1 de mayo de 2017

10 cosas que aprendí viviendo sola por un año



Hace exactamente un año finalmente me mudé de la casa de mi mamá. Ha sido por mucho el año más loco de mi vida, y no lo cambiaría por nada, pero también ha sido difícil. Pensé que por estar ya a mitad de mis 20, era lo suficiente mayor para saber lo que me esperaba, por supuesto estaba muy equivocada, porque hay algunas cosas que definitivamente no se puede entender hasta que no se viven en carne propia, y por eso a esta fecha he querido hacer una compilación de las 10 cosas más importantes que he aprendido en estos 12 meses, con la esperanza de ahorrarle un par de dolores de cabeza a alguien que esté pagando la novatada.

1. La comida es siempre mucho más cara de lo que piensas, en serio. Complementa la carne con huevos y proteína vegetal, y come muchas verduras. Las pastas salvan vidas, y un buen gabinete de condimentos ayuda mucho a darle entusiasmo a los frijoles que llevas comiendo por una semana entera. Sacrifica las marcas más caras a cambio de más productos en el carrito: créeme, no necesitas ketchup marca Heinz, la marca nacional está buena. No desperdicies la comida que compras, házte el propósito de no ir a la tienda y gastar dinero en algo que puedas comer inmediatamente si tienes para cocinar en casa, cuando tengas que tirar comida que no usaste te arrepentirás.



2. Sé considerado, y tan amable como sea posible con tus vecinos/roomates. Con ellos te ves todos los días y pueden ser UNA PESADILLA SIN FIN (true story TM), o pueden ser los que te saquen de un apuro cuando te enfermes inesperadamente en medio de la noche.

3. Sé limpi@. Nada demuestra más que tienes el control de tu vida que un apartamento limpio. Siempre habrá quien te quiera visitar sin avisar, probablemente tu madre, y te sentirás mortificado si llega y el lugar parece escenario de película de terror y te da esa mirada (sí, sabes a la que me refiero), o peor, decide que ella misma va a limpiar tu baño porque huele chistoso y te hace sentir como un adulto fallido. Más importante aún, nada bueno puede salir del caos y el mugre, mereces tener ropa limpia y que huela bien, mereces tener cucharas limpias para cenar, y no tener cucarachas en la cocina, te prometo que te hará sentir mucho mejor.

4. Compra productos de aseo personal y del hogar en grandes cantidades. Estas cosas son horriblemente caras y además mucho más si compras paquetes pequeños. Trata de comprar paquetes grandes de todo para cortar el precio y aprovechar descuentos, así puedes comprar ese suavizante de ropa caro pero que hace que tus sábanas huelan como cuando tu mamá las lavaba. Además, darte cuenta de que no tienes más barras de jabón es horriblemente inconveniente cuando ya estás sin ropa en la ducha; hacer lo posible por mantener un inventario decente de estos productos te evitará salidas de urgencia a comprar papel higiénico (o peor, tampones).


5. Ahorra para el día lluvioso. Cuando se vive en la casa paterna usualmente no es el fin del mundo si se retrasa nuestro pago y tenemos que esperar unos días para compra algo que necesitamos, pero cuando vives solo y no hay nadie que se encargue de las cuentas sino tú, necesitas tener un poco de dinero guardado para cuando tu gato trague algo que no debe y enferme (las veterinarias son TAN caras), o debas reemplazar el asiento del retrete que rompiste cuando estabas ebri@ (esto puede que me haya sucedido). No importa qué tan bien manejes tu dinero, siempre habrá imprevistos, guarda unos cuantos billetes a la semana en un lugar seguro, no te arrepentirás.


6. Llama a tus papás. En serio, hazlo, no seas terrible al respecto como yo. Vivir lejos de la familia se puede sentir solitario aveces, incluso si estás rodead@ de gente con la que la pasas bien. Hablar con mamá para que te enseñe a hacer esa comida que te gusta ayudará un poco, lo prometo (alternativamente, te puedes enterar de la próxima vez que la va a preparar y así te aseguras de no perdértela).

7. Guarda los recibos. Si no tenías un hábito de llevar la contabilidad, este es el momento para comenzarlo. Necesitas saber exactamente de dónde y hacia dónde se va cada centavo cada mes. Hasta el ingreso más robusto se puede quedar corto si está mal manejado, y en cambio, un presupuesto estricto sí que nos puede ayudar a estirar ese dinero que simplemente no es el suficiente.



8. Aprende a priorizar. Este lo aprenderás sí o sí, pero este es un recordatorio gentil. Vivir solo implica muchas responsabilidades nuevas, que junto con nuestro trabajo y/o estudio pueden lograr que parezca que de repente no nos queda tiempo para nada. Tómate un momento para pensar acerca de las cosas que son prioridades para ti (en términos de tiempo, finanzas, salud, y hasta emocionalmente), y planea una nueva rutina priorizando todo lo que va a hacer que tu calidad de vida mejore, lo demás probablemente se ajustará, o no es tan importante de todas formas.

9. Cuídate. Vivir salvajemente es muy divertido, pero lo comienza a ser menos cuando ya no está mamá para que te lidie el guayabo, o te haga esa sopa que es lo único que te provoca comer cuando estás enferm@. Trata de ser más consciente con respecto a las cosas que puedan enfermarte.

10. Disfrútalo. Es verdad que por momentos puede ser abrumador, pero nada es más satisfactorio que sentirte orgullos@ de ti mism@ cuando logras mantener el barco a flote por un día más, y pocas cosas son tan agradables como tener tu propio lugar y descubrir cómo te gusta manejar tu vida y administrar tu hogar. Lo más probable es que tampoco dure tanto, y en algún momento del futuro decidas embarcarte en otra aventura incluso más descabellada, la de hacer un hogar con alguien más, así que mientras dure, disfrútalo.


miércoles, 19 de abril de 2017

13 Reasons Why: más allá de la histeria colectiva.


La semana pasada finalmente vi 13 Reasons Why, el nuevo show de Netflix que tenía a todo el mundo en una montaña rusa emocional. La premisa parecía prometedora: Chica de secundaria se suicida y deja detrás una serie de cassettes contando su historia. Soy una incurable amante del drama adolescente, y me imaginaba una historia para arrugar hasta el corazón más insensible y quedar al final con mucho que pensar, y quizás con algún tipo de mensaje que aplicar a la vida, y  la idea fue reforzada por mis amigas que sin entrar en detalles me advirtieron que me preparara, porque la serie era fuerte y por momentos difícil de digerir.

Fue exactamente eso, fuerte y difícil de digerir, pero nada que no esperara, la serie logra tocar fibras sensibles y expone realidades tan difíciles que lloré casi en todos los episodios, y tengo que decir que salvo una excepción, me parece que tuvo además un muy buen manejo de personajes, todos tridimensionales y complejos, y fallidos de modos muy realistas, y a pesar de estos puntos a su favor, había un par de detalles que no acababan de convencerme. El primero era que a diferencia del resto de personajes, no soportaba a Clay (el protagonista), su comportamiento se me hacía caricaturesco e irritante, y el otro problema era que tenía la constante impresión de que los productores de la serie trataban de meterme a la fuerza un mensaje educativo, y mientras lo hacían descuidaban la calidad de los aspectos técnicos de la narrativa. Constantemente tenía la impresión de que estaba recibiendo un sermón, en lugar de escuchar una historia.


Estaba por declarar la serie como decente, si bien algo básica, cuando finalmente llegué al episodio final, y todo se fue al caño. Hasta entonces la sensación de sermón era razonablemente sutil, incluso subjetiva, pero el capítulo 13 evidencia que efectivamente la intención era dejar un mensaje, y no contar una historia. Nunca tenemos desenlace alguno de la mayoría de argumentos, nos quedamos justo en medio del clímax, sin saber qué va a pasar ahora que la existencia de las cintas salió a la luz, ni cuál va a ser el veredicto del proceso judicial, sin saber qué va a pasar con Bryce respecto a los crímenes que cometió, ni qué sucedió con Alex. Como la cereza en el pastel, los escritores tienen la osadía de sugerir además en los últimos minutos del último episodio un nuevo cabo suelto, uno que daría suficiente para toda una serie en sí misma: uno de los protagonistas de las cintas parece estarse preparando para llevar a cabo un tiroteo en la escuela. 

Lo que me parecía una brutal falla técnica empañó bastante la opinión que tenía de la serie, quitándole todo el valor narrativo, y convirtiéndola, en mi opinión, en una pieza educativa que malamente trataba de ser una historia. Decepcionada como estaba, llegué a la conclusión de que al menos por su valor educativo y su mensaje era una producción que valía la pena, aunque a mí me hubiera resultado un poco una pérdida de tiempo, ya que no formo parte de ninguno de los grupos que pretende educar: no soy una adolescente y no voy a la escuela hace años, tampoco formo parte del sistema educativo, y estoy bastante lejos de tener hijos que puedan ser vulnerables a este tipo de escenarios.

Pero mientras más pensaba en ello más me daba cuenta de que ni siquiera esa apreciación era correcta. La falla técnica de dejar tantos cabos sueltos no sólo afecta la calidad narrativa, sino que tiene un impacto importante y negativo en la calidad del mensaje de la serie, al permitir que nada salvo la pena que atraviesan sus padres y Clay indique que la decisión de Hannah fue un error, al desaprovechar la oportunidad de presentar escenarios en los que personajes con vulnerabilidades como Hannah actúan diferente a ella, y obtienen resultados diferentes. En mi opinión es catastrófico para la joven audiencia que puede sentirse identificada con Hannah, no explorar las consecuencias de que Jessica hable con su padre respecto a lo ocurrido, es catastrófico no ver que nadie intercede a tiempo para ayudar a Tyler a no tomar una terrible decisión que arruinará muchísimas vidas. Al no mostrar estos escenarios, la serie presenta la decisión de Hannah como lo único que tenía sentido hacer en una circunstancia tan difícil como la que atravesaba, y al final no queda sino un sabor amargo en la boca porque cosas terribles pasan, y al parecer no hay forma de reaccionar a ello sino tomando decisiones trascendentales y trágicas. Esta no es una afirmación al azar, la realidad es que durante la última década los profesionales del área de la salud se han esforzado por abogar por el periodismo ético al reportar casos como el presentado en la serie, porque la divulgación de contenido gráfico relacionado al evento, como fotografías, o descripciones del método de suicidio, o el contenido de las cartas de despedida de las víctimas ha probado ser suficiente para detonar a otros individuos en situación de vulnerabilidad y que ya presentan factores de riesgo, principalmente dentro de la población adolescente, es decir, la publicación de los detalles del suceso tiende a inspirar a otros jóvenes a tomar la misma decisión. 13 Reasons Why es brutalmente gráfica, y los productores sostienen que la inclusión de la escena de suicidio de Hannah fue deliberada, pretenden mostrar los horrores del acto sin censura alguna, lo que es loable, pero terriblemente equivocado ya que es probable que cause exactamente el efecto contrario. Quisiera estar equivocada, pero no me sorrpendería escuchar de algún chico o chica que decidió suicidarse y dejar detalladas cintas inculpando a todos los que responsabiliza.

Se pone peor porque, de la mano con esto, el show simplifica de modo ridículo los complejos temas del acoso escolar y el suicidio adolescente, mostrando una profunda y alarmante incomprensión de cómo funcionan. La realidad es que la relación entre ambos no es tan sencilla como lo plantea la serie. El suicidio adolescente es una tragedia preocupante y los profesionales han trabajado muy duramente en las últimas décadas para explicar el fenómeno y tratar de prevenirlo, y concuerdan en que las razones por las que se presenta son diversas y complejas, y contrario al argumento de la serie, su relación con el acoso no está bien definida. Pese al manejo sensacionalista que la prensa ha tenido de sucesos similares a este en la última década, la evidencia parece sugerir que el acoso no es sino un factor de riesgo más, uno incluso con menor incidencia que otros como lo son los problemas escolares, los problemas en casa, las enfermedades mentales, e incluso el abuso sexual.

Es notablemente irresponsable de parte de la producción de la serie, incluso rayando en lo irrespetuoso usar el suicidio adolescente únicamente como una herramienta para exacerbar su mensaje de que el acoso escolar está mal y debe ser manejado, sin tener consideración alguna por tratar el asunto del modo correcto. La depresión y las enfermedades mentales son relegadas a un segundo y distante plano, todo secundario al acoso, y es casi gracioso de un modo terrible, porque aunque el acoso afectó a Hannah de modos terribles, el factor determinante en su decisión fue el abuso sexual y la falta de atención cuando trató de pedir ayuda.

Pero la noción tan simplificada de que el acoso termina en suicidio es fortalecida durante la serie principalmente a través del personaje principal, quien es un buen chico, y a través de él la serie nos alimenta esta idea peligrosa de que la responsabilidad del suicidio de Hannah recae únicamente sobre sus compañeros y tiene sentido que Hannah tuviera ideas acerca de algún tipo de venganza, pero es bastante perturbador que las acciones de estos chicos sean satanizadas de tal forma, y el protagonista que se supone es la voz de la audiencia en la serie se embarque en semejante cacería de brujas en la que no descansa hasta verlos a todos agobiados por el peso de sus pecados; es particularmente notorio que la serie no hace suficiente énfasis en el hecho de que algunos de los protagonistas de las cintas (notoriamente Ryan, Sheri e incluso Courtney)cometieron errores que afectaron a Hannah emocionalmente pero que no tenían intenciones malignas y no pueden ser calificados como acoso escolar de ningún modo. Hay una sutil indicación de que Hannah podía tener una perspectiva limitada, pero esa idea es rápidamente desechada porque la cacería de brujas no se detiene en ningún momento. La razón por la que es tan grave que la responsabilidad por la vida de Hannah sea asignada tan deliberadamente  a sus compañeros debería ser más que evidente en sí misma, cualquier profesional sabrá lo difícil que es desarraigar la culpa de la mente de cualquier sobreviviente de suicidio, pero que es fundamental porque la idea de que la vida de otro depende de nosotros es una idea perversa, peligrosa y profundamente equivocada, pero 13 Reasons Why parece existir sólo para enviar ese mensaje. Lo irónico, es que la serie colapsa sobre sí misma, y aunque la culpa es asignada deliberada y rampantemente, podemos ver las consecuencias de semejante tratamiento: Alex decide que merece el mismo destino que la amiga a la que le dio la espalda en su momento de mayor necesidad.

No quiero ni imaginarme el efecto que una serie como esta tendrá en los compañeros de clase de chicos que hayan cometido el mimo error que Hannah.

Así que la serie presenta el suicidio (con venganza incluída) como una opción inevitable si se ha tenido lo suficiente, y además concentra la responsabilidad y culpa únicamente en los sobrevivientes, y si de eso último no está seguro, note cómo la serie es una oda a la incompetencia parental. Al igual que sucede con Alex, la serie demuestra una sorprendente falta de consciencia sobre sí misma y su mensaje: por un lado vemos la tragedia de los padres de Hannah tratando de entender cómo fue que su hija acabó del modo como lo hizo y ellos jamás se enteraron, y por otro lado tenemos a Clay y Tony que se supone que son los chicos buenos que tratan de hacer lo correcto, pero se meten en todo tipo de líos y situaciones peligrosas  y se rehusan fervientemente a hablar con algún adulto responsable, siguiendo exactamente los mismos pasos que Hannah, y dejando en claro el marcado mensaje de que los chicos deben tratar de resolver sus propios líos, sin importar lo peligrosos o serios que sean. 

Ultimadamente, la serie falla teénicamente opacando la historia de un modo avasallador a favor de enviar un mensaje que además es desinformado, y que puede resultar peligroso. Para el televidente casual es una serie triste que deja un mensaje claro para crear consciencia acerca del suicidio adolescente, el acoso escolar y el abuso sexual, pero temo que estos mensajes no lleguen de modo adecuado a quienes no son televidentes casuales sino aquellos que realmente necesitan recibir el mensaje: los chicos, las familias, y las escuelas.

Espero equivocarme en mi apreciación, o en mis prediccciones del efecto de la serie en la población vulnerable, pero en cualquier caso, incluso si no es así, espero que esta serie y la gran recepción que ha tenido sirvan al menos como punto de partida para muchas mas conversaciones al respecto de estos temas tan delicados, y de una mayor comprensión de cómo funcionan y lo que atañen, de modo que sean más fáciles de tratar y con suerte logremos erradicarlos.

lunes, 30 de enero de 2017

Los hombre sufren opresión y el feminismo se queda corto


Me he identificado como feminista por más o menos cuatro años ya, y ha sido de todo menos un camino sencillo. Cualquiera que abogue por alguna causa que defienda,  estará de acuerdo conmigo en que una de las más difíciles barreras es convencer a otros que la causa es importante en primer lugar. ¿Por qué perder el tiempo preocupándose por los animales callejeros cuando hay niños muriendo en África? ¿Por qué ocuparse de el hambre en el mundo si hay indigentes en nuestras calles? ¿Por qué enfocarse en los indigentes, y no ocuparse de solventar la corrupción? Sin duda sucede con toda causa, principalmente porque todos tenemos prioridades diferentes, y la tendencia a creer que la que nos importa es la más importante, quizás principalmente porque nos afecta directamente, y nos cuesta creer que las injusticias que otros gritan sean tan reales como esas que nosotros sentimos en carne propia.

Hablando desde el feminismo, ni siquiera vale la pena intentar contar el número de ocasiones en las que he tenido que discutir al respecto de si es una causa que valga o no la pena, si algo se podrá cambiar con todo el trabajo de concientización, educación, intervención; y peor aún, están aquellos que se niegan a considerar que sea algo necesario, que haya algún tipo de disparidad que insinúe siquiera algún tipo de opresión. Es de eso de lo que quiero hablar hoy, tan brevemente como sea posible.

Quizás el primer argumento con el que me encuentro casi siempre que esto sucede, es que los hombres también la pasan mal, que el movimiento feminista se trata de una lucha egoísta para que las mujeres no tengan que lidiar con dificultades inherentes a la condición humana, que es un proyecto que busca ganar pleitesías del género masculino, al cuál sólo consideran como una institución a la que sacarle provecho con un discurso de superioridad digna del partido nazi, de ahí el apelativo: feminazi. Nada más alejado de la realidad. Pese a lo exhausta que estoy de discutir este punto en particular, porque siento mis neuronas morir una a una cada vez que debo hacerlo, voy a dedicar unos momentos a expresar mi más profundo rechazo por la noción: cualquier persona razonablemente interesada en una visión objetiva de los hechos podrá encontrar en la punta de sus dedos (gracias a la maravillosa herramienta que es el internet), más que suficiente evidencia para apoyar la noción de que a través de la historia, las mujeres han sido con muy contadas excepciones sujetos oprimidos a quienes se les niegan los mismos derechos que sus contrapartes masculinas, hecho que es particularmente evidente en las culturas antiguas y las primitivas, en las que en muchos casos no sólo las mujeres eran carentes de derechos, sino que eran también entendidas como piezas de propiedad privada de su figura masculina más cercana, bien fuera el padre, esposo, o hermano. Es cierto que la mayoría de nuestras sociedades han dado importantes pasos para remediar esta abismal injusticia, pero no es cierto, bajo ningún concepto, que el mundo haya alcanzado un momento de igualdad en el que las mujeres no tengan razón alguna para sentirse discriminadas. Muchas siguen siendo las sociedades, por motivos religiosos, o culturales, en las que se sigue estableciendo claras diferencias entre los derechos de un género, y del otro, causando en la mayoría de los casos, situaciones de opresión hacia el género femenino, y en el mejor de los casos, en las más avanzadas sociedades, la gran mayoría de las mujeres siguen siendo dolorosa y primordialmente conscientes de su potencial de víctimas de violencia sexual y física por parte del sexo opuesto, noción que no es compartida por la gruesa mayoría de los hombres de estas sociedades, y que habla a gritos de los roles que la sociedad comprende y replica a pesar de las leyes que tratan de ejercer cambios culturales profundos.


Dejando de lado ese argumento tan equívoco, quiero hablar de otro argumento, uno mucho más fuerte que he encontrado en pocas ocasiones, pero que me ha resultado mucho más interesante, e incluso constructivo. Y es el argumento de que el movimiento feminista no toma en cuenta las muy reales y difíciles situaciones de verdadera opresión que los hombres experimentan al rededor del mundo, únicamente a causa de su género. Quizás la primera queja es que la mayoría de estas situaciones son pasadas por alto por el ciudadano común tanto como por las organizaciones y los estados, y por el grueso del movimiento feminista, lo que es en sí otra muestra de discriminación, ya que son en muchos casos situaciones equivalentes a aquellas dificultades en contra de las que muy vocalmente luchamos todos los que nos preocupamos por la igualdad para la mujer. Ejemplos de estos atroces actos de discriminación incluyen la penalización de la negativa a sustentar económicamente un hijo producto de una infidelidad de la esposa en japón, así como la penalización de la solicitud de las pruebas de paternidad en Francia; el servicio militar obligatorio en multitud de países so pena de encarcelación; el trabajo forzado masculino no está prohibido internacionalmente, y la trata de personas sólo se comprende como un problema que afecta a mujeres y niñas, además de que multitud de países no ofrecen asilo a inmigrantes hombres; a nivel global los hombres representan la vasta mayoría de muertes por accidentes laborales, y su edad de jubilación es mayor a la de la mujer en más de 30 países, a pesar de que su esperanza de vida es menor; las penas carcelarias son notoriamente mayores para criminales masculinos que femeninos a nivel global, y en algunos países, la pena de muerte sólo es una opción para los hombres; las políticas de micro apoyo financiero de la mayoría de los países se concentran en mujeres y madres solteras, desconociendo la realidad de que el 80% de los habitantes de la calle a nivel global son hombres; la violencia doméstica sólo se comprende como un fenómeno que sufren las mujeres, y de la mano, la violación masculina no es vista como la atrocidad que es en realidad, ni siquiera como un problema real; el 80% de las víctimas de suicidio son hombres, y son también significativamente más propensos al consumo de drogas y alcohol, adicciones que puede sugerir altos índices de depresión.

La gran mayoría de las mujeres siguen siendo dolorosa y primordialmente conscientes de su potencial de víctimas de violencia sexual y física por parte del sexo opuesto, noción que no es compartida por la gruesa mayoría de los hombres.

Estas son realidades descorazonadoras para cualquiera con un sano sentido de empatía, y es incluso más perturbador enfrentar la poca consciencia y acción al respecto. Habiendo dicho eso, no siento que estas crueldades invaliden la lucha feminista de ningún modo. Principalmente porque la poca atención que se le da a la opresión que sufren millones de hombres y niños no hace menos seria la opresión que experimentan simultáneamente las mujeres y niñas. Pretender que el dolor de las mujeres es menos cruel o importante porque se trabaja más para acabar con él, es tan desviado y pernicioso como asegurar que no hace falta preocuparse por la opresión masculina porque son muchas más las mujeres y niñas que sufren a nivel global. Ambas son ideas enfermizas y faltas de empatía, no se trata de una competición.

He pensado mucho últimamente en un fragmento de un texto por Omnigale Kaliskill, que responde precisamente a la idea de que los hombres también enfrentan discriminación, y opresión sistémica: “Que se le diga que sea dominante no es ni de cerca tan trágico como ser limitado y colocado en una posición predeterminada al sufrimiento y la sumisión. Esa es la diferencia básica entre la forma en la que la sociedad trata de manipular a los hombres y las mujeres. No tener permitido ser vulnerable no es equivalente a no tener permitido ser fuerte. Forzar la debilidad en las mujeres las hace más fáciles de controlar y subyugar, mientras que forzar la dominancia en los hombres los hace capaces de expresar poder sobre otras personas.”

La principal razón por la que no creo que la opresión que enfrentan los hombres invalide la lucha femenina es porque al igual que Kaliskill, soy de la opinión de que no se trata sino un único problema profundo, y es la enfermiza noción de la inferioridad del género femenino, que tiene como principal consecuencia la restricción de los derechos y libertades femeninos así como su opresión sistémica, pero la otra cara de la moneda es el significado inferido, si la mujer es débil, no sólo puede ser oprimida y usada, también necesita y merece protección; la superioridad masculina convierte la dominancia en su derecho natural, pero esa tóxica noción de la masculinidad significa también que al hombre se le arranca su identidad tan pronto se convierte en una víctima, y bajo ningún concepto es merecedor de compasión o cuidado. Ambas posiciones son la perfecta encarnación del arma de doble filo, ambas nacientes de la asignación de roles de género estrictos y asfixiantes en los que ningún ser humano puede desarrollarse de modo verdaderamente sano.


Pero a pesar de estar de acuerdo con Kaleskill en su apreciación de que todo tipo de opresión de género forma parte de un problema común, no logro sentirme completamente cómoda con su idea de la estratificación de las víctimas de una sociedad misógina. Pienso que la sugerencia de que el único precio pagado por los hombres es la prohibición a mostrarse vulnerables es fundamentalmente errónea en base a la evidencia; la realidad es más amarga, no sólo se les impide expresar su vulnerabilidad (con consecuencias trágicas para su salud mental y la seguridad de las mujeres con las que se relacionan y sobre las que pueden resolver descargar frustraciones tan profundas), sino que además no son acreedores a reparación alguna en los contados escenarios en los que puedan ser victimizados tanto como una mujer. 

Es cierto, que los números no mienten y todas las estadísticas señalan a la mujer como víctima principal de los tipos más crueles de violencia física y sexual, pero soy de la convicción de que trivializar el sufrimiento de cualquier víctima en virtud de su privilegio u origen es un tipo especial de perfidia, y esto quizás encarna la más grande inconformidad que siento respecto al movimiento feminista, que es lo cargado de odio e hipocresía que pueden llegar a estar sus discursos en ocasiones. La idea de ejercitar la compasión con aquellos que  nos han oprimido o dañado parece ir en contra de cualquier sentido común, y es fácil comprender cómo el instinto humano es la búsqueda de “justicia”, equilibrar las cargas incluso si eso significa que el otro sufra tanto como lo hemos hecho nosotros, pero si algo me han enseñado los años de militar en este movimiento y sentir en carne propia el dolor de mis hermanas es la realidad de que si sólo somos capaces de sentir compasión por aquellos que son como nosotros, ¿no nos hace eso iguales a los que nos oprimen por ser distintos a ellos? 

Trivializar el sufrimiento de cualquier víctima en virtud de su privilegio u origen es un tipo especial de perfidia.

Yo soy profundamente feminista, y me cuesta imaginar un futuro en el que no me sienta identificada por el apelativo, porque sueño con un mundo en el que ninguna mujer tenga que atravesar por las cosas difíciles que yo he tenido que atravesar, ni aquellas mucho más horrorosas que agradezco que no me hayan tocado a mí, aunque le hayan tocado a otras como yo. Pero con cada día que pasa me convenzo más de que nuestro movimiento requiere una transformación interna y profunda. Es hora de que los hombres que están inconformes con el sistema se unan a nuestras líneas y dejen de vernos como el enemigo, pero eso no es todo, por demasiado tiempo el feminismo ha sido inhospitalario con la mujer de color, con la mujer transgénero, y en general con cualquiera que no encaje en el molde, y es hora de que las cosas cambien, porque esto es mucho más grande que cualquiera de nosotras, y que todas juntas, esto es un problema profundo que afecta a todos los individuos de la sociedad; la opresión es una hidra de muchas cabezas, y aveces es difícil reconocer nuestro propio sufrimiento en un rostro diferente, pero si queremos tener alguna posibilidad de sobrevivir y cambiar el mundo, es hora de que empecemos a ejercitar la compasión, no sólo con aquellos con quienes nos identificamos, sino con cualquiera que sea una víctima, y que nos necesite, incluso aunque pensemos que no lo merezca.

Yo estoy del lado del feminismo que lucha contra el odio y la opresión, incluso cuando vienen de dentro de nosotros mismos.

viernes, 27 de enero de 2017

Al fin entendí para qué hago esto


Cuando comencé este blog, esperaba que me ayudara a reforzar mi muy flojo hábito de escribir, y que me ayudara a cultivar mi plataforma de autora, que fue una de las cosas en las que quise enfocarme cuando me dije a mí misma que tenía que ponerme seria con eso de escribir; sin embargo, hacer que este proyecto despegue ha sido un camino lleno de tropiezos, principalmente por inconsistencia e indisciplina, lo admito sin culpa pero con vergüenza, pero también por una profunda falta de motivación a la que durante todo este tiempo me costó encontrarle explicación y que atacaba por temporadas evidenciadas por la falta de contenido en los dos huéspedes de este blog, ausencias que en ocasiones duraban incluso meses. Hace apenas unos días entendí por qué me costaba tanto, a pesar de ser en ocasiones el que más amo de todos mis trabajos.

Siempre quise sacarle a la herramienta todo el provecho posible sin tener que gastar dinero, de ahí que he leído un millón de artículos y publicaciones respecto a cómo hacer de un blog una herramienta eficiente de mercadotecnia, y durante los tres años que llevo haciendo esto, siempre me he quedado varada en la primera y quizás la más fundamental recomendación que repite cada consejero, y es que el tema de cada entrada, al igual que cada aspecto del blog, tienen que ir cuidadosamente confeccionados a la medida de tu audiencia objetiva. Y ese era precisamente el problema, nunca había logrado definir cuál era mi audiencia objetiva porque en todo este tiempo, nunca conseguí decidirme a casarme con ninguna de las facetas de las cosas que me apasionan.

Se suponía que si la idea era construir mi plataforma de escritora, debía concentrarme en escribir acerca de… Bueno, escribir. Pero no escribo lo suficiente como para poder hacer anuncios regulares al respecto, y por ende tampoco soy lo suficientemente buena escritora como para sentirme cómoda haciendo de este espacio una columna ni siquiera mensual de consejos respecto a uno u otro aspecto, hay mucha gente mucho más capacitada que yo ahí afuera dedicándose a eso de un modo mucho más capaz.

Pero incluso más importante que mi incompetencia, es el hecho de que simplemente no me bastaba con eso. La idea de verme restringida únicamente a mi persona de escritora me llenaba siempre de desasosiego y bastaba para quitarme por completo cualquier interés en escribir durante días en el mejor de los casos. Escribir es la más grande de mis pasiones y la única de la que no puedo prescindir porque forma parte crucial de mi identidad, pero no es la única, y el entusiasmo que siento por todas las demás quiere brotar a través de la más importante, y quiero escribir acerca de lo poco que he mal aprendido acerca de escribir historias, pero también quiero escribir acerca de mis animales, y de la forma como me hacen más compasiva y mejor persona, y quiero escribir acerca de la comida que me gusta y cómo trato de crear una relación positiva con mi cuerpo. Necesito hablar de mi pequeña lucha feminista, de las cosas que me duelen de mi país y del mundo, y de la gente bonita y que quiero y de todas las cosas que me hacen feliz. Necesito hablar, escribir de todas esas cosas tanto que no hacerlo se siente como contener la respiración.

Mi interés por este medio era inconsistente porque evidenciaba la lucha entre forzar encajarme a mí misma en una imagen de alguien serio y profesional quien realmente no soy, y los episodios repetitivos de mandar todo al carajo y sólo darme el gusto de escribir de lo que fuera que me diera la gana, como fuera que me diera la gana. Lo que pasó hace unos días fue que leyendo el mismo consejo por enésima vez, finalmente me di cuenta de que llevaba años tratando de conseguir algo que conseguir algo que realmente no me interesaba, y por ende saboteándolo una y otra vez.

La idea de fortalecer mi plataforma de escritora era prometedora porque venía de la mano con la idea de monetizar el trabajo de escribir, que es algo que siempre he querido, porque mis finanzas son ridículas y hace mucho que necesito dinamizarlas. Pero en realidad, escribir es algo que siempre voy a hacer, incluso si nunca veo un peso de ello, y la realidad era que la idea de que mi blog no iba en línea con los propósitos que me había hecho no hacía sino hacerme menos y menos fructífera como escritora. Pensé que tenía que concentrarme en la logística de mi trabajo para hacerlo financieramente productivo, pero no estaba logrando sino asfixiar la vena creativa que es de la que esperaba vivir. Ahora me doy cuenta de que por ahí no era la cosa, entre más lo pienso, más noto que las mejores cosas que he escrito son aquellas que más me han apasionado, en las que más sinceramente he desnudado mi alma, sin importar el tema. Ahora pienso que tengo que concentrarme en mi felicidad creativa, lo que sólo puede llevarme a ser más productiva, que es lo que realmente me interesa.

Eso no significa que tenga nada en contra de la posibilidad de ganar dinero de las cosas que escribo, ese es como el sueño más grande de mi vida, pero en retrospectiva es evidente que pensar en el dinero primero y en el producto después no es la respuesta. Así que ahora voy a hacerlo al revés.

Quiero que este sea un nuevo comienzo para el proyecto que es este blog, ahora finalmente sé qué es lo que quiero ganar con esto; ya no tengo el menor interés en crear una plataforma de autora, ahora lo único que quiero es escribir acerca de todo lo que sí me llama, bien sea comentario político respecto a asuntos del momento, o consejos prácticos relacionados a la escritura, o reflexiones acerca de situaciones que atraviese y me dejen alguna enseñanza que quiera compartir.

Con un abanico tan amplio y diverso de temas, permanece la pregunta inicial de quién es entonces el público objetivo de esta publicación, y por primera vez fui capaz de sentarme a considerarlo verdaderamente, con perspectiva en lo que realmente quiero y soy capaz de hacer. Llegué a pensar en que, si esto se iba a convertir descaradamente en nada más que yo haciendo diatribas sin sentido acerca de temas al azar, entonces quizás mejor me iba despidiendo porque sólo podía esperar que lo leyera mi pobre novio que no tiene otra opción, pero luego de bastante tiempo comenzó a formarse en mí la idea de compartir el viaje que estoy haciendo para alcanzar la más importante de mis metas que es ser mejor.

Durante demasiado tiempo fui una persona con la que no estaba feliz, y he hecho de estos últimos años un trabajo constante de tratar de mejorarme a mí misma en cada aspecto que se me ocurre: quiero ser más sana, tener una relación más positiva y armoniosa con mi cuerpo y con mi mente, quiero ser más productiva, más inteligente y creativa, y quiero ser mucho mejor persona todos los días, quiero ser un poco más feliz cada día. La mayor parte de lo lejos que he llegado ha sido trabajo interno del más arduo que puedan imaginarse, pero siempre tengo presente el poder transformador de las conexiones que podemos hacer con otras personas y cómo la escritura es el catalizador milagroso que nos permite conectarnos con otros que probablemente nunca conozcamos y que sin embargo son capaces de transformarnos. Leo un montón de cosas que escribe un montón de gente acerca de temas desde cocina hasta política, y han sido incontables las veces en las que logro identificarme con un autor, y mi visión acerca de fenómenos culturales y políticos cambia, o me veo enfrentada a ideas difíciles acerca de la forma como veo la vida y la forma como me desenvuelvo en ella, incluso las ideas con las que no estoy de acuerdo me ayudan a reforzar los ideales que defiendo y me definen. Creo que cada cosa que leo me ayuda a construir una mejor versión de mi misma, incluso aquellas que no parecen profundas: los reviews acerca de libros, películas o series, me ayudan a analizar más críticamente los contenidos que consumo, los comentarios acerca de productos o finanzas me ayudan a ser una consumidora más responsable y a vivir más cómodamente.

Lo que es más, ya una vez logré yo ese efecto en alguien. El año pasado publiqué una entrada en mi blog a la que no le tenía ninguna esperanza y que se convirtió en mi publicación más popular. Lo único que hice fue ser sincera acerca de lo mal que la estaba pasando porque atravesaba la crisis de los 25, y de cómo eso me había ayudado a practicar el ejercicio de mirar hacia adentro en vez de ver a los demás. Y a pesar de su simpleza, es la que más halagos me ganó y la única de mis publicaciones que ha conseguido que alguien me dijera cuan identificado se había sentido, y cuánto le había ayudado leerla.

Así que desde ahora esta va a ser la plataforma en la que comparta todas las cosas que me apasionan y que forman parte de este viaje que es ser mejor hoy de lo que era ayer, con toda la humildad y franqueza de la que soy capaz, enfocándome en ser mejor y más feliz, y mi público objetivo es todo aquel que quiera hacer el viaje conmigo.

Gracias por toda su paciencia, estoy segura de que sólo hay cosas buenas delante de nosotros.

lunes, 16 de enero de 2017

Bienvenido, 2017



Ya llevamos medio enero, y soy plenamente consciente de que después de la primera semana ya es penosamente retrasado, pero yo llego tarde a todas las fiestas y decidí darme licencia para hacer esto, porque estoy muy oxidada escribiendo y ésta me parece la forma menos dolorosa de retomar, y porque aunque me gusta que me lean, escribo principalmente para mí misma, y si necesito escribir acerca del año nuevo en la segunda semana del año, o en Octubre, pues eso es lo que vamos a tener. Sin más preámbulos…

Creo que la principal razón por la que me ha costado sentarme a escribir esto, es porque durante el año 2016 experimenté transformaciones profundas, y me encuentro en medio de un proceso de redescubrimiento, y en ocasiones es difícil  hablar de lo que siento porque aveces ni siquiera me reconozco en las emociones que experimento, porque son totalmente nuevas. De todas formas, esto es algo que merece ser dicho.

La historia no comienza bien, entré al 2016 con el espíritu quebrado y sin aliento. El 2015 fue como una pesadilla sin fin, así que cuando terminó recibí el año nuevo con la convicción pesimista de que no tenía caso anhelar cosas buenas, o hacer propósitos para mejorarme a mí misma, o a mi vida, porque lo único que el futuro me deparaba eran cosas malas, entonces ni siquiera para qué intentarlo. Siento una lástima muy grande por la persona que era en ese momento, casi quisiera, sólo por la compasión que me despierta esa persona en la que me cuesta verme a mí misma, no haber tenido que pasar por todo aquello. Casi, porque desde el lugar en el que estoy ahora, puedo entender como sólo el tiempo lo permite, que haber tocado fondo así era justamente lo que necesitaba. Porque cuando me convencí de que nada bueno me esperaba, comencé el 2016 con la única resolución de año nuevo que nunca me había hecho, y la primera que he cumplido en toda mi vida: Me propuse enfrentar el 2016 sin plan alguno. Por primera vez no fijé meta alguna que cumplir antes del siguiente 31 de Diciembre. Me propuse nada más que sobrevivir, al fin de cuentas, no tenía mucho caso tratar de planear y prever, si lo único que hacía eran castillos de naipes que seguían derrumbándose.

Es lo mejor que he podido hacer con mi vida.

Es lo más difícil que he podido hacer con mi vida.

Sufro de una ansiedad que no puede ser descrita sino como agobiante, y cuando tu mente se pone en tu contra de esa forma, y vives con la certeza constante de que Todo Puede Salir Terriblemente Mal Ahora (tm), es muy difícil evitar la tentación de tratar de controlar todo, porque la ecuación parece sencilla: entre más se controlen los elementos, con más eficacia se puede controlar el resultado. Por supuesto, años de experiencia no habían hecho sino demostrarme lo falaz de semejante noción; la vida es incontrolable y tiene una tendencia a mandar bolas curvas en el momento más inesperado. Lo que no me imaginaba eran los resultados que iba a obtener cuando dejé de tratar de controlar todo.

Durante años, había estado tranzada en sueños que anhelaba cumplir, pero a los que les había puesto innumerables pre requisitos, que por supuesto nunca lograba cumplir, porque la vida es difícil de navegar. No tener planes a los que aferrarme significó que cuando llegó el momento, supe reconocer la oportunidad que se abría ante mí para irme de la casa materna, que era algo que venía queriendo hace años, que ha sido probablemente lo más importante que he hecho en la vida, y que además era lo más aterrador que se me podía ocurrir. Me di cuenta, cuando fue propicio, que muy seguramente no iba a alcanzar a tachar todo lo que tenía en la check list pre mudada, y que quizás no era tan descabellado que fuera resolviendo algunas cosas en el camino, y que no me iba a morir si algunas cosas no eran exactamente como las había planeado siempre que tuviera lo más importante.

Ahora, ocho meses después, podría decir que la lección aprendida es que las cosas siempre salen mejor de lo que me lo espero, pero la verdad es que no es así.

Más o menos la mitad más una de las cosas que temía que podían salir mal si me iba de casa antes de estar “lista”, pasaron. Y además, como siempre, pasaron otras que ni siquiera había contemplado, así que de alguna forma no había estado tan equivocada. Pero sí lo había estado, porque mientras todo pasaba, tres cosas que nunca se me habían ocurrido se hicieron evidentes e indiscutibles.

La primera, que fue un poco un golpe a mi ego, es que tuve que admitir que probablemente hubiera podido irme de casa hace un tiempo. Tuve que aceptar la realidad de que estaba aterrorizada de hacerlo, por mucho que lo quisiera, y que quizás sea justo decir que llevaba algún tiempo auto saboteando la idea, convenciéndome a mí misma de que aún no era el momento, porque no estaba “lista”. Ahora entiendo que el momento era el que yo decidiera, porque no tener todo resuelto no necesariamente significaba fracaso inevitable (igual que tener todo resuelto no significaba éxito inminente), y que emocionalmente, probablemente nunca estuviera lista, porque es una de esas cosas que te hacen crecer y transformarte como persona y que por eso son las más difíciles de hacer.

La otra cosa que descubrí fue que no me daba suficiente crédito en muchos sentidos. Después de años de sentir que “fracasaba”, me había creado esta imagen de mi misma en la que era una cosa pequeña e insignificante dentro de la vastedad del universo, que si el universo decidía que me iba a hacer mierda, no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo, y que me iba a destruir, machacándome poquito a poquito hasta que no quedara nada de mí. Ahora entiendo lo equivocada que estaba. Porque este año hice lo más aterrador que he hecho nunca en la vida, y este año me pasaron cosas desagradables que me hicieron sentir miserable; de hecho, creo que es una aproximación acertada decir que pasé quizás un poco más de la tercera parte del año sintiéndome deprimida/irritada/frustrada/ansiosa por alguna razón u otra. Pero el asunto es que el año se acabó, y aquí estoy, entera. Y no porque los monstruos a los que temía enfrentarme fueran menos malos de lo que me había imaginado, no, fueron terribles, pero resultó que yo no era tan blanda como creía, y mi piel era más gruesa de lo que esperaba cuando me clavaban los dientes.

Así que finalmente se acabó el 2016, que es por mucho el año más loco que he tenido en la vida. Y yo me siento como una persona distinta. Recibí el 2016 sin ambiciones ni metas, convencida de que estaba derrotada de ante mano, y por ende ni siquiera valía la pena el esfuerzo de tratar de luchar por nada que quisiera. Ahora es distinto, ahora entiendo que sí es cierto que la vida puede dar vueltas inesperadas e incontrolables en cualquier momento, pero ya no me siento aterrorizada al respecto, porque luego de todo lo que ha pasado este año, entiendo que soy mucho más resistente de lo que esperaba, y que lo único que puede matarme, es algo que literalmente… Me mate. Mientras eso no pase, encontraré alguna forma de resolver lo demás, incluso si no es del modo que quería. 


Eso no significa que me haya casado con la costumbre de no fijarme metas, una de las cosas malas del 2016 fue que fue por mucho el año menos productivo de mi vida, artística y creativamente hablando. Así que volver a mi hábito de hacer resoluciones de año nuevo, fue lo primero que hice en el 2017. Pero ahora son distintas, antes tenía estas ideas en la cabeza acerca de cosas que pensaba que me iban a hacer una persona más valiosa. Cosas como perder determinado número de kilos en un año, o escribir un libro en un año, o crear un canal exitoso en Youtube, o comprarme un apartamento. Ahora ya no me importa tanto llegar a esas metas porque de repente no siento que necesite alcanzar metas tan específicas para ser una persona más valiosa; ahora se me ocurre que tratar de mejorarme a mí misma me hace una persona más valiosa, entonces mis metas de este año se ven más como: ejercitarme un poco todos los días, escribir un poco todos los días, leer un poco todos los días, experimentar con Youtube si lo disfruto, para divertir y entretener a otras personas, y hacer del sitio en el que viva el mejor y más cómodo posible para mí, y estar agradecida porque lo tengo. 

No quiero decir con esto que hacer propósitos específicos para cumplir durante un año sea una mala idea, si usted se siente con la capacidad y cree que cuenta con las herramientas para cumplir un propósito específico, y que ponérselo como meta es el estímulo que le hace falta, entonces se lo recomiendo y le mando todas las mejores energías, pero el caso es que a mí nunca me han servido estos propósitos, y ponerme metas un poco más abstractas es mi saludable punto medio entre no planear o exigirme nada en lo absoluto, y obsesionarme tratando de micro controlar cada aspecto de mi vida.

Lo curioso es que, mientras más pienso en la nueva forma como veo mis propósitos de año nuevo, mayor es el presentimiento de que este puede que sea por mucho el más productivo año de mi vida. Hace días leí una cita que me ha llamado mucho la atención: “lo poco que hagas todos los días, importa más que lo mucho que hagas de vez en cuando”, cuando la leí tuve uno de esos momentos Eureka en los que me pregunto cómo es que no se me había ocurrido antes si era tan evidente. Propósitos tan grandes y estrictos nunca han hecho sino desmotivarme, asustarme y hacerme dudar de mis propias capacidades. Decir que voy a trabajar cada día, sólo un poco, en las cosas que quiero hacer, quita mucha de la presión al respecto, y por ende, irónicamente, me ayuda a hacer mucho más. Tanto que existe la posibilidad de que este año sí consiga hacer cosas que nunca había podido, o, en su defecto, puede que llegue el fin del 2017 y no haya escrito un libro, pero puede que lleve una gran parte, que es más de lo que hice en el 2016, y de lo que he hecho en muchas ocasiones en las que tener el producto final ha sido mi meta de todo un año.

Al final de todo, el mensaje es que enfrento el 2017 con una actitud radicalmente diferente a la que haya tenido nunca. Toda mi vida había vivido en un péndulo entre el pesimismo extremo y el optimismo ingenuo; por primera vez comprendo que pueden pasar cosas malas en el año que viene adelante, pero tengo la certeza de que podré resolverlas, o en el peor de los casos, sobrellevarlas, y también estoy esperando y lista para reconocer y agradecer todas las cosas buenas que también sé que van a pasar.

Creo que nunca había esperado un año con tantas ansias.

2017, estoy lista para ti.