sábado, 8 de agosto de 2015

Paternidad al estilo Rapunzel

Miles de padres de familia en todos los rincones del país celebran la decisión de la Corte Suprema de Justicia, que de ahora en adelante les permitirá acceso legal a los padres a los perfiles de sus hijos en redes sociales, incluyendo cuentas de correo electrónico, conversaciones privadas, y demás. Esta parte de la población, en su mayoría, siente una inusitada tranquilidad al tener la certeza de que ahora pueden garantizar la seguridad digital de sus hijos.

Yyyyyyyyyyy... No. Ni siquiera sé por dónde comenzar a comentar lo mal que está esto, porque es que está mal en más de un modo. Supongo entonces que lo ideal será explicar en primer lugar por qué llegamos a este punto.

Hace días apareció en una habitación de hotel en Bogotá el cadáver de una chiquilla de 15 años, que había sido reportada desaparecida por su familia. Apareció junto al cuerpo de un hombre de 22 años, con quien sostenía una relación amorosa y presuntamente se comunicaba a través de Facebook. La trágica noticia causó todo el horror que merecía, sin duda, y le encogió el corazón a todos los padres del país que se imaginaban qué harían en semejante situación.

Cabe aclarar (antes de que alguien sienta que es importante mencionar mi falta de perspectiva) que no tengo sino 24 años y que no tengo hijos, pero creo que no hay que ser brillante para comprender que la reacción natural de cualquier padre, sea la imperativa visceral de escudar a sus hijos de cualquier peligro, del modo que sea necesario, así sea encerrándolos en una torre a lo Rapunzel. Pero el quid de la cuestión es que estas reacciones, aunque naturales y justificadas, no pueden guiar la forma como una persona cría a sus hijos, porque son irreales e inútiles, y mucho menos pueden transmitirse al ámbito legal regulado por el Estado, porque ahí sí que se multiplica su ridiculez, y es precisamente eso lo que me preocupa, que no siento que a la hora de hablar de las redes sociales, y de la seguridad de los menores se esté haciendo la distinción entre "momento en el que todos nos horrorizamos y entramos en pánico", y "momento en el que nos sentamos ya con cabeza fría a tratar de encontrarle una solución correcta y eficaz a este problema", en su lugar es evidente que las decisiones que se están tomando con este respecto vienen de un pánico ciego y radical, y hay en mi opinión, dos razones fundamentales por las que esta decisión de la Corte no está del todo bien.

La primera cuestión que me pone incómoda es que me parece una estupidez de nivel aberrante, la idea de que la forma correcta de asegurarte de que tus hijos se porten bien y estén a salvo es mediante la vigilancia parental constante. Hay que ser muy ingenuo para pensar que eso va a funcionar. Por empezar, la mayoría de los padres preocupados no tienen ni la mita de conocimiento acerca de la tecnología y de las redes sociales que manejan sus pequeños angelitos. Casi me da risa imaginarme a uno de estos analfabetas digitales tratando de limitar el acceso de sus hijos a contenido que les parezca preocupante. Mi mamá, por ejemplo, que por su edad bien podría tener un hijo de catorce o quince años, es incapaz de distinguir el ícono de Word y el de Whatsapp, así de mal. E incluso aunque tengan la capacidad digital de un universitario de 20 años, y tal, ¿qué van a hacer? ¿Estar con sus hijos 24/7 para asegurarse de que manejan el internet con las reglas de casa todo el tiempo? Buena suerte con eso. Y sencillamente la principal razón por la que esto es logísticamente insostenible, es que no es un método educativo correcto. Si es el padre el que ejerce el control de las interacciones de sus hijos con el mundo digital, ¿cómo se supone que estos aprendan al autocontrol que van a necesitar cuando sea hora de que se defiendan por sí mismos? Es natural que los padres quieran evitarles hasta el menor de los males a sus hijos, pero es irreal esperar que aprendan a cuidarse solos si nunca se les da la oportunidad de enfrentarse al peligro en situaciones reales, a diferenciarlo de lo que es sano y a apartarse de él por sus propios medios. Es como con la educación sexual. Si usted no le enseña a sus hijos acerca de la sexualidad de un modo abierto y sano, el mundo le enseñará a sus hijos maneras incorrectas y peligrosas, a su espalda.

Además de todo, esta sentencia de la Corte no hace sino asentar el sentimiento de alienación que parte de la sociedad tiene hacia los avances tecnológicos y la utilidad de la maravillosa herramienta que es el internet. Gente, entiendan, el internet no es peligroso, lo peligroso son las personas que lo usan de modo incorrecto. El internet y los avances en la tecnología han mejorado y facilitado la vida de las personas a nivel global de un modo jamás antes visto e inimaginable en los últimos 15 años, y no es algo que vaya a detenerse, limitar el acceso de los jóvenes y niños a estas herramientas no es sólo inútil sino que va incluso en detrimento educativo de sus avances. Y con esto tampoco estoy diciendo que el internet es un oasis de seguridad, tampoco soy una loca radical, pero la realidad es que no siento que los peligros del internet sean inherentes a él, y que se solucionen limitando el acceso de los menores a la red. Siento que los riesgos de contactar a alguien desconocido en internet son bastante similares a los que un menor de edad puede encontrar en cualquier otra situación, el problema radica precisamente en la no normalización de una herramienta a la que ya es hora de que nos vayamos acostumbrando. Esta alienación hace que la gente no aplique el sentido común, ni siga las reglas del modo en que lo haría en "la vida real". 

Entonces si los padres comprenden que hay lugares a los que los chicos no deben entrar antes de ciertas edades, porque pueden no estar preparados para las cosas que van a encontrar, ¿por qué les cuesta tanto trabajo comprender que en las condiciones de Facebook establece claramente que los chicos de menos de 13 años no pueden crear perfiles? Un chico de 12 años para abajo la verdad es que no debería estar navegando por una red social como esta, ni siquiera con supervisión. Del mismo modo, se hace imperativo inculcar a los chicos que las reglas de seguridad deben ser las mismas, y partir del sentido común, y para esto los padres tienen que interiorizar el conocimiento de que las redes sociales y el internet no son "otra cosa", son una extensión que facilita la vida real. Tener un perfil en cualquier red social es como caminar por la calle. Si su hijo o hija de 13 años no responde cuando un extraño le habla por la calle, del mismo modo no debe aceptar ningún tipo de comunicación de alguien desconocido. Si su hijo o hija comprende que sólo puede darle información personal como su número de teléfono o dirección a amigos cercanos y bajo su autorización, entonces debe comprender que sólo tiene permitido transmitir esta información a personas conocidas, bajo su supervición, y únicamente por medios privados cuando lo haga en una red social; usando la misma analogía, compartir esta información en su perfil público es como gritarlo en la calle, y seguramente que su hijo no haría esto. Si su hijo o hija de 16 años tiene el sentido común para no confiar en alguien que mantiene detalles importantes de su vida en secreto y en misterio, entonces deberá saber que algo puede estar mal con alguien cuyo perfil sea imposible de accesar o con poca información. Enseñe a sus hijos a usar sus instintos y sentido común para mantenerse seguros de los avances de los predadores de todo tipo, e incúlqueles que usen estas mismas guías cuando naveguen por internet, los chicos no son tan tontos como la gente parece pensar, pero si no hay comunicación clara que les haga entender el por qué de las reglas, no hay forma de que las interioricen de un modo apropiado. No se trata de prohibirle a sus hijos cosas porque sí, se trata de explicarles los riesgos que pueden correr ellos y la familia si cometen errores en la seguridad digital, se trata de educarse acerca de casos concretos y reales y aprender de estas situaciones.

Antes que nada, los jóvenes deben sentirse en confianza para compartir con sus padres cualquier información que les inquiete, o que les llame la atención, de este modo puede el padre de familia guiarlos y ofrecerles su opinión educada al respecto, esta opinión sin duda aportará perspectiva a la relación que los menores tengan con estas herramientas. La limitación no es la respuesta. Si sus hijos no tienen confianza para hablar con usted de cualquier tema, entonces algo está mal en la forma en que usted los está educando, ¿y en quién van a confiar entonces?

La segunda razón por la que me da piquiña pensar en esta resolución legal es porque me parece moralmente incorrecta, a decir verdad. Y aunque puede sonar como lo menos importante cuando la seguridad de los jóvenes está de por medio, es una idea que no logro sacarme de la cabeza. Es cierto que según la Corte, sólo se puede acceder a esta información en situaciones en las que la seguridad de los menores se vea comprometida, pero no veo la forma de garantizar que no haya abuso de poder por parte de los padres en situaciones como éstas. Sé que es difícil pensar en ello, y duro aceptarlo, pero la realidad es que los individuos tienen derecho a la privacidad incluso aunque sean menores de edad, y si la mejor forma que se le ocurre a usted para garantizar la seguridad de su hijo o hija es invadir su privacidad sin su consentimiento, entonces lamento decirle que algo está mal en la relación que usted tiene con su hijo. 

Lo que es más, y de nuevo, aunque sea duro pensar en eso, la realidad es que no todas las familias cuentan con figuras paternales idóneas, y no todos los chicos usan intenet como pasatiempo ocioso. Muchos chicos soportan a diario abuso emocional y/o físico por múltiples causas por parte de los padres que deberían cuidar de ellos, y muchos de ellos encuentran apoyo en redes sociales o páginas de internet en las que pueden contactarse con personas que atraviesan situaciones similares, o con quienes se relacionan a través de aficiones comunes que les distraen de sus problemas, evitando así el suicidio o dañarse a sí mismos por años, hasta que pueden salir de los ambientes tóxicos en los que viven, o en los casos tristes, hasta que no pueden más. Muchos chicos reciben información, orientación, educación y validación sexual o psiquiátrica a través de internet, compensando así la ignorancia latente en nuestra sociedad y en nuestras familias ante temas delicados como las identidades y orientaciones de género, y las enfermedades mentales.

Me inquieta mucho la idea de chicos y chicas que anhelan y necesitan este tipo de herramientas y no pueden acceder a ellas con libertad porque nuestra sociedad se esfuerza en perpetuar el prejuicio contra todo lo digital. Me inquieta la idea de chicos y chicas que se mantienen en el clóset en familias homofóbicas y violentas, y me inquieta lo que pueda pasar con ellos cuando sus padres decidan que tienen derecho a violar su privacidad. Sobre todo me perturba bastante que nadie piense en esto.

Como último comentario quiero agregar que sé que es innegable que mi opinión respecto a la forma como el internet y las redes sociales deben manejarse parte de mi edad y de mi experiencia personal, pero no creo que sea menos válida por eso, más bien pienso que puede ilustrar la realidad de una generación que no puede ni debe alejarse de los avances de la tecnología, y que con el nivel apropiado de educación digital puede aprovechar todas estas maravillosas herramientas.

En mi caso personal, y aunque mi mamá no sepa manejar un computador ni entienda mayor cosa, siempre tuve acceso libre e ilimitado a las plataformas digitales, del mismo modo que tuve acceso irrestricto a muchas otras cosas, mientras se me brindaba guía para poder manejarlas de modo apropiado. De hecho, hoy en día tengo un grupo en Whatsapp en el que hablo con seis amigas a las que nunca les he visto la cara en persona. De países distintos, nos conocimos en un foro en línea hace casi diez años, en los cuales jamás he sentido que mi seguidad esté en peligro debido a esto. Nuestra comunicación siempre fue abierta y sincera, sin misterios que pudiesen sugerir que la identidad de alguna fuera sólo una máscara que escondía un predador, pero también siempre con mucha seguridad: los teléfonos sólo los compartimos bastante después de tener entablada la amistad, y muy eventualmente los usábamos para saludarnos en fechas especiales (que salen caras las llamadas a larga distancia). y apenas hace un año compartimos nuestras direcciones, para poder así enviarnos regalos de cumpleaños internacionales por correo. Pero creo sin duda alguna que lo más importante era el hecho de que en mi familia siempre supieron que estas comunicaciones existían. En mi familia estas chicas fueron recibidas del mismo modo en el que lo fueron mis amigos de la universidad y los que llevé luego a casa conocidos del trabajo. Siempre repetí las anécdotas graciosas que contaban para hacer reír a mi mamá, le conté acerca de sus vidas y lo que pasaba con ellas como le hablaba de mis amigos que iban a visitarme en casa, y en incontables ocasiones escuché las opiniones de miembros de las familias de ellas acerca de comentarios que yo hacía, que del mismo modo eran transmitidos en sus hogares. 

Con toda seguridad mi mamá hubiera sido la primera en enterarse si algo me inquietara. Por supuesto hubiera sido inconcebible para mí la idea de encontrarme en persona con alguna de ellas sin que mi familia lo supiera. De hecho fue más bien un evento del que se habló por días cuando viajé de visita a la casa de una tía que vivía en la misma ciudad que la única de ellas que también era colombiana. Todos sabían que estando allá iría a conocerla, y sólo tengo recuerdos gratos de la experiencia que deseo repetir pronto.

Del mismo modo, y aunque paso gran parte de mi tiempo frente a la pantalla de mi computadora, no lo considero tiempo desperdiciado: desde ella manejo mi negocio que no tiene plataforma física sino que sólo digital, en ella y gracias a internet tengo acceso a cantidades ilimitadas de piezas de arte y entretenimiento popular, encuentro incluso una mayor cantidad de fuentes educativas de todos los temas posibles. Sigo temas de política e interés, hago activismo. Aprendo a llevar una mejor vida espiritual. Por el amor de todo lo que es bueno, ¡si hasta me ejercito con videos de YouTube!

Por favor, padres de nuestro querido país: comprendan. No es encerrando a sus hijos en una alta torre que los protegerán. No es negándoles una fuente de entretención y asombro. Edúquense, para que puedan educar a sus hijos del mejor modo. Abra su mente a las ventajas de la maravillosa herramienta que es la tecnología, y por favor, críe a sus hijos en un ambiente de respeto y comunicación (sólo puede haber comunicación si hay respeto de ambas partes), y ellos le ayudarán a protegerlos.

¡Feliz finde!

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